Cuando Ehécalt conoció a Mayáhuel. (Chevrolet Series M Copper-Cooled)


Los felices años 20 supusieron la constatación de que EE.UU. era una gran potencia económica.  Los europeos que llegaban en los transatlánticos borregueros en busca de una mejor calidad de vida generalmente la encontraban.  Rascacielos, alumbrado público, coches… realmente en la nueva superpotencia se vivía mejor.  En cuestiones automovilísticas el poderío yankie se hacía patente a pasos agigantados.  El retraso inicial de principios de siglo respecto a la vieja europa ya se había difuminado.  La manera americana de hacer coches tomaba forma.  En Estados Unidos las distancias eran mucho más largas que en Europa por lo que el incipiente mercado demandaba coches simples (para poder arreglarse en cualquier sitio), fiables (para no estropearse en los largos viajes) y capaces con los que poder cubrirlas.  Además las ciudades se ensanchaban (o directamente se formaban) alrededor del coche.  Las amplias avenidas con sus anchas calzadas y espaciosas plazas de aparcamiento complementaban los gigantescos (comparados con sus homólogos europeos) coches.  Henry Ford llevó el coche a las masas y otros intentaron imitarle.  Tal vez el que mejor lo hizo fue  William Durant creando su todopoderosa General Motors. Dentro de la amalgama de marcas Chevrolet sobresalía por sus aciertos comerciales.  La marca popular no cesaba en su empeño de fabricar/vender  más, mejor y barato fruto de esa obsesión nace en 1923 uno de los Chevy más controvertidos (¡¡los 70 quedaban lejos!!) el Chevrolet Series M Copper Cooled.  La idea de hacer un coche más sencillo a base de tecnología punta parecía entonces antitético y es que Charles Kettering (inventor del arranque electrico) ideó un motor revolucinario.  Para paliar los continuos fallos de refrigeración del automovil (recalentones, circuitos despresurizados…) se sacó de la manga un motor refrigerado por… ¡¡cobre!!   Los cilindros dejaron de formar un solo bloque para ser independientes e iban recubiertos de láminas de cobre para evacuar el calor a través del aire.  Los Chevy M tenían menos motor (22 caballitos) y eran 400 dólares más caros que sus homólogos refrigerados por agua.  Por desgracia también eran sensiblemente menos fiables ya que muy a menudo el aleteado de cobre no podía evacuar el calor con la celeridad necesaria provocando serios sobrecalentamientos (precisamente lo que quería evitar) quedaba claro que la deidad del aire estaba por otras cosas.  El nuevo Chevrolet no cumplía ninguna de las normas básicas del auto americano y en la General Motors se olvidaron de él  fabricando solo 500 unidades.  Los europeos estaban a un solo paso de conjugar refrigerado por aire con fiabilidad eterna (Volkswagen, 2cv, BMW…) Incluso en la niñez automovilística en EE.UU. lo novedoso y revolucionario no encajaba ni se le tenía paciencia.  Tal vez ese fue su acierto ¿o fue su condena?

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Acerca de Sergio Mercado

Lo reconozco ¡Me encantan los coches! Pero no solo aquellos que forman parte del imaginario popular por sus logros y parabienes. Me gustan TODOS los coches y en especial los que llevan una bonita historia cuestas.
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4 respuestas a Cuando Ehécalt conoció a Mayáhuel. (Chevrolet Series M Copper-Cooled)

  1. Pingback: Con la ortodoxia desaparecida (Renault 900) | AUTOMÓVILES FUERA DE LO COMÚN

  2. Comique, connaissais pas du tout 😉

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