…Y yo a California (Nash Healey)


Corría el año de 1950 cuando en la larga travesía transatlántica del Queen Elisabeth entablaron amistad el británico Donald Healey, conocido por sus magnificos coches (chasis) de carreras y el americano George Mason, presidente de la Nash-Kelvinator.  Healey volvía de las américas sin haber cerrado un acuerdo para el suministro de motores por parte de Cadillac. Mason tenía una cámara de fotos en 3D y la común afición a la fotografia les unió en una cena.  De la cena salieron con el compromiso de fabricar entre ambos un roadster que sirviese para aupar las ventas de Kaiser y darle mayor prestigio.  Healey por su parte, estaba encantado de hacer un coche y disponer de motores para sus quehaceres automovilísticos.  Ya en 1951 se presentaba en sociedad uno de los primeros roadsters ingleses y a la vez uno de los primeros deportivos americanos de post-guerra:  El Nash Healey.  Nash proporcionaba el motor, la caja de cambios y demás elementos mecánicos que eran enviados a los talleres de Healey en las Islas Británicas donde modificaban el motor y montaban la carrocería para volver a Estados Unidos para venderse en la red comercial Kaiser/Nash.  Healey había diseñado un descapotable realmente bello pero con unas especificaciones para montar un (ansiado por su parte) potente V8.  Aunque solo montó un 6 cilindros de 3.8 litros que no lo hizo especialmente ágil.  Para complicar un  poco más las cosas el binomio anglo-americano pidió al año siguiente una remodelación estilistica al infalible Pinin Farina.  Con lo que el motor se enviaba desde USA hasta UK donde se montaba en el chasis para después irse a Italia para montarle la carrocería para volver a USA para venderse ¡¡Buff!!  El bueno de Pinin Farina (en el ’52 todavía no se escribia junto) no hizo una de sus mejores obras con el remozado del pobre Nash (Faros en la calandra, parabrisas de una pieza…) aunque lo que más mermó sus ventas era su astronómico precio:  el doble de un Thunderbird y casi el doble de un Corvette.  A pesar de los titánicos esfuerzos (una versión coupe quedó 3º en LeMans) no se vendieron más de 550 unidades incluidos los extraños coupes.  Ni tenia un V8 potente, ni la agilidad de los incipientes roadster ingleses, ni la belleza italiana, ni un precio imbatible.  Healey y Nash (AMC) no volvieron a fallar, hasta los 70. 

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Acerca de Sergio Mercado

Lo reconozco ¡Me encantan los coches! Pero no solo aquellos que forman parte del imaginario popular por sus logros y parabienes. Me gustan TODOS los coches y en especial los que llevan una bonita historia cuestas.
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